Ashwagandha: para qué sirve, beneficios, dosis y riesgos según la evidencia

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Suplementos · Estrés y sueño

EVIDENCIA

Metaanálisis de 5 ensayos aleatorizados sobre sueño (Cheah et al., PLOS One 2021) y ensayo doble ciego sobre calidad de sueño con extracto estandarizado (Deshpande et al., Sleep Medicine 2020). Serie de casos de daño hepático (Björnsson et al., Liver International 2020).

Ashwagandha: para qué sirve de verdad, qué dice la ciencia sobre estrés, sueño y testosterona, y para qué NO deberías tomarla

TL;DR

La ashwagandha (Withania somnifera) es una planta adaptógena cuyo efecto mejor sostenido por la evidencia es reducir el estrés percibido, el cortisol y mejorar el sueño —sobre todo en personas con insomnio, con extractos estandarizados de raíz a dosis de 300–600 mg/día durante al menos 8 semanas—. Lo de que «dispara la testosterona» es real pero mucho más modesto de lo que vende el marketing: subidas del orden del 15% en hombres concretos (con fatiga, sobrepeso o entrenando), no un chute hormonal. Y hay una cara B que casi nadie cuenta: se han descrito casos de daño hepático, puede alterar la tiroides y está contraindicada en embarazo. Aquí tienes qué esperar de verdad, qué forma se ha estudiado y cuándo NO tomarla.

Dato clave

En un ensayo aleatorizado y doble ciego de 6 semanas con 150 adultos, la calidad del sueño mejoró un 72% en el grupo que tomó extracto estandarizado de ashwagandha, frente a un 29% en el grupo placebo, con mejoras objetivas medidas por actigrafía en eficiencia y latencia del sueño. Fuente: Deshpande A, Irani N, Balkrishnan R, Benny IR. A randomized, double-blind, placebo-controlled study to evaluate the effects of ashwagandha (Withania somnifera) extract on sleep quality in healthy adults. Sleep Medicine. 2020;72:28–36.

La ashwagandha se ha convertido en el suplemento de moda. Aparece en cada vídeo de «optimización», promete a la vez calmarte, dormirte, subirte la testosterona y hacerte ganar músculo, y se vende como una raíz milenaria sin contraindicaciones. Ese exceso de promesas es justo la señal de que hace falta pararse a mirar los datos. Porque hay ciencia real detrás —más de la que tienen la mayoría de suplementos—, pero también hay hype inflado y una cara de seguridad que el marketing prefiere no mencionar. Apenas existe contenido en español que separe lo uno de lo otro sin caer ni en el «cúralo todo» ni en el «no sirve para nada». Este artículo viene a cubrir ese hueco, con el mismo criterio con el que revisamos la creatina, la berberina o el sueño y el envejecimiento: qué dice la evidencia, con qué fuerza, y qué te están vendiendo de más.

Qué es la ashwagandha (y qué son los withanólidos)

La ashwagandha es un arbusto originario de Asia y África cuya raíz se usa desde hace siglos en la medicina ayurvédica. Su nombre en sánscrito significa literalmente «olor a caballo», por el aroma de la raíz, y a menudo se la etiqueta como adaptógeno: un término laxo para sustancias que ayudarían al cuerpo a resistir mejor el estrés. Su otro nombre botánico, somnifera («que induce el sueño»), ya adelanta para qué se ha usado tradicionalmente.

Lo que importa a efectos prácticos es que sus compuestos activos principales son los withanólidos, un grupo de lactonas esteroideas que se concentran de forma distinta en la raíz y en la hoja. Por eso no todos los productos son iguales: un extracto se define por qué parte de la planta usa y por su porcentaje de withanólidos estandarizado. Esta es la primera trampa del mercado: dos botes que ponen «ashwagandha» pueden no tener nada que ver en potencia ni en lo que se ha estudiado de ellos. Volveremos a esto, porque es clave para no tirar el dinero.

Para qué sirve de verdad: estrés, cortisol y sueño

Aquí es donde la evidencia es más sólida. Varios ensayos aleatorizados y controlados con placebo, y las revisiones que los agrupan, apuntan en la misma dirección: la ashwagandha reduce el estrés percibido y los niveles de cortisol, la hormona que sube cuando el eje del estrés (hipotálamo-hipófisis-suprarrenal) está sobreactivado. No es un efecto placebo suelto de un estudio: es un patrón que se repite con distintas preparaciones y escalas validadas. Si alguna vez has mirado tu variabilidad de la frecuencia cardíaca (HRV) o tu resistencia a la insulina y has visto cómo el estrés crónico las empeora, entiendes por qué bajar ese tono simpático importa más allá de «sentirse tranquilo».

En sueño, un metaanálisis de 2021 reunió cinco ensayos aleatorizados con 372 adultos y encontró un efecto pequeño pero significativo sobre la calidad del sueño frente a placebo, más marcado cuando la dosis era de 600 mg/día, el tratamiento duraba al menos 8 semanas y en personas con insomnio (Cheah KL, Norhayati MN, Husniati Yaacob L, Abdul Rahman R. Effect of Ashwagandha (Withania somnifera) extract on sleep: a systematic review and meta-analysis. PLoS One. 2021;16(9):e0257843). No es un somnífero potente, pero para alguien con sueño ligero por estrés puede notarse. La honestidad obliga a un matiz importante: casi todos estos estudios se han hecho en la India, dentro de su sistema médico tradicional, con muestras pequeñas y de pocas semanas. La señal es real y consistente; la certeza no es la de un fármaco de primera línea.

Para qué Fuerza de la evidencia
Estrés percibido y cortisol La más sólida. Varios ensayos aleatorizados y una recomendación provisional de un grupo internacional de psiquiatría para la ansiedad generalizada
Sueño (calidad, latencia, eficiencia) Buena, sobre todo en insomnio y a ≥8 semanas. Efecto real pero moderado
Testosterona / fertilidad masculina Moderada y en subgrupos concretos (hombres con fatiga, sobrepeso o entrenando). Efecto modesto, no un chute
Fuerza y masa muscular Preliminar. Algún ensayo positivo, pero lejos de lo que aporta entrenar bien o la creatina

Ashwagandha y testosterona: separando la señal del hype

Este es el reclamo estrella y donde más se exagera. ¿Sube la testosterona? En algunos estudios, sí, pero conviene leer la letra pequeña. El ensayo más citado es un estudio cruzado, doble ciego y controlado con placebo en hombres de 40 a 70 años con sobrepeso y fatiga leve: los que tomaron ashwagandha tuvieron un incremento de testosterona un 14,7% mayor que con placebo y un 18% más de DHEA-S (Lopresti AL, Drummond PD, Smith SJ. A randomized, double-blind, placebo-controlled, crossover study examining the hormonal and vitality effects of ashwagandha (Withania somnifera) in aging, overweight males. Am J Mens Health. 2019;13(2):1557988319835985). Otros ensayos en hombres jóvenes que entrenaban fuerza también vieron subidas.

Ahora, la lectura honesta. Un 15% de subida en hombres con fatiga y sobrepeso no es lo mismo que un salto hormonal en un varón sano con testosterona normal. Buena parte de ese efecto probablemente venga de bajar el cortisol y dormir mejor —cuando reduces el estrés crónico, la testosterona tiende a recuperarse sola—, no de una acción anabólica directa de la planta. Es decir: la ashwagandha no «te pone» testosterona; ayuda a quitar el freno que el estrés le había puesto. Para un hombre joven, descansado y sin déficit, esperar un cambio notable de composición corporal por tomar ashwagandha es poner el listón donde el marketing quiere, no donde está la ciencia. Si tu objetivo es músculo y rendimiento, entrenar bien, dormir y la creatina tienen un retorno mucho mayor.

KSM-66, Sensoril, Shoden: qué forma se ha estudiado (y qué dosis)

Como los efectos dependen del extracto, importa saber qué se ha estudiado en realidad. Los ensayos serios no usan «raíz de ashwagandha en polvo» a granel, sino extractos estandarizados con un porcentaje conocido de withanólidos. Los tres nombres que verás en las etiquetas son: KSM-66 (extracto solo de raíz, estandarizado en torno al 5% de withanólidos, el más usado en los estudios de estrés y testosterona), Sensoril (raíz y hoja, mayor concentración de withanólidos) y Shoden (raíz y hoja, muy alto en withanólido-glicósidos, usado en varios estudios de sueño). Que el bote indique uno de estos extractos estandarizados es la forma más rápida de distinguir un producto respaldado por ensayos de uno genérico.

Sobre la cantidad, no vengo a recetarte una dosis —eso es cosa de un profesional que conozca tu caso—, sino a decirte qué se ha probado. Las dosis estudiadas se mueven habitualmente entre 250 y 600 mg/día de extracto estandarizado, y en 2022 un grupo de trabajo internacional de psiquiatría (WFSBP/CANMAT) llegó a recomendar de forma provisional 300–600 mg/día de extracto de raíz estandarizado al 5% de withanólidos para el trastorno de ansiedad generalizada, subrayando que hacen falta más datos (Sarris J, Ravindran A, Yatham LN, et al. Clinician guidelines for the treatment of psychiatric disorders with nutraceuticals and phytoceuticals: WFSBP and CANMAT Taskforce. World J Biol Psychiatry. 2022;23(6):424–455). Los beneficios tienden a aparecer a partir de las 6–8 semanas, no en dos días. Si vas a probarla, tiene sentido hacerlo con un extracto estandarizado, dentro de ese rango y con una ventana de tiempo razonable, no a lo loco.

Los riesgos que el marketing no te cuenta

«Es una planta natural, no puede hacer daño» es probablemente la frase más peligrosa en todo esto. La ashwagandha se tolera bien en la mayoría de la gente durante unos 3 meses —los efectos adversos comunes son leves: molestias digestivas, heces blandas, somnolencia—, pero tiene señales de seguridad que conviene tomarse en serio.

La más relevante es el hígado. Desde 2017 se han publicado casos de daño hepático asociado a la ashwagandha, con un patrón de lesión hepatocelular, ictericia, picor y elevación de la bilirrubina. Una serie de casos de Islandia y de la red estadounidense de daño hepático por fármacos describió a personas que tomaban entre 450 y 1.350 mg diarios y desarrollaron signos de lesión hepática (Björnsson HK, Björnsson ES, Avula B, et al. Ashwagandha-induced liver injury: a case series from Iceland and the US Drug-Induced Liver Injury Network. Liver International. 2020;40(4):825–829). La buena noticia es que en la mayoría de los casos la función hepática se recuperó al suspender el suplemento; la mala, que es impredecible y más grave en quien ya tiene el hígado tocado. Si tienes las transaminasas altas o cualquier problema hepático, la ashwagandha no es para ti.

El segundo frente es la tiroides. La ashwagandha puede aumentar la producción de hormona tiroidea: en un ensayo con hipotiroidismo subclínico, 300 mg dos veces al día durante 8 semanas bajaron la TSH y subieron la T3 y la T4 frente a placebo (Sharma AK, Basu I, Singh S. Efficacy and safety of ashwagandha root extract in subclinical hypothyroid patients: a double-blind, randomized placebo-controlled trial. J Altern Complement Med. 2018;24(3):243–248). Eso puede sonar bien si tu tiroides va lenta, pero es un arma de doble filo: en personas con hipertiroidismo o que toman levotiroxina puede descontrolar el tratamiento, y se han descrito casos de tirotoxicosis. Si tienes cualquier alteración tiroidea, esto se decide con tu médico, no con un influencer.

Y el tercero, no negociable: embarazo y lactancia. Varias agencias desaconsejan su uso en embarazadas por un posible efecto abortivo descrito en fuentes tradicionales; de hecho, Dinamarca la prohibió en 2023 y la agencia francesa (ANSES) recomendó en 2024 no usarla en embarazadas, lactantes ni personas con trastornos endocrinos. A esto se suman posibles interacciones con sedantes, antidiabéticos, antihipertensivos e inmunosupresores, y una precaución en hombres con cáncer de próstata hormonodependiente por su efecto sobre la testosterona. Nada de esto significa que la ashwagandha sea «peligrosa» para la población general sana; significa que no es el caramelo inocuo que venden y que hay perfiles que deben evitarla.

¿Merece la pena? Para quién sí y para quién no

Quitando el ruido, la ashwagandha es un suplemento con evidencia decente para un objetivo concreto: bajar el estrés y dormir algo mejor en personas sometidas a tensión crónica. Ahí tiene sentido probarla, con un extracto estandarizado, durante 6–8 semanas, y observar si notas algo. Para un adulto sano y estresado, sin problemas de hígado ni tiroides y sin embarazo de por medio, el perfil riesgo-beneficio es razonable. Donde no merece la pena poner expectativas es en la testosterona milagrosa, la ganancia muscular o la longevidad: ahí el efecto es marginal o inexistente, y hay palancas mucho más potentes y baratas —dormir, entrenar, comer bien— que ninguna cápsula sustituye. Como digo siempre: no me paga nadie por recomendarla ni por no hacerlo, así que te lo cuento tal cual es. Un suplemento útil para lo suyo, sobrevendido para casi todo lo demás.

FAQ — Preguntas frecuentes sobre la ashwagandha

¿Para qué sirve realmente la ashwagandha?
Su efecto mejor respaldado por la evidencia es reducir el estrés percibido y los niveles de cortisol, y mejorar la calidad del sueño, sobre todo en personas con estrés crónico o insomnio. Otros usos populares, como subir la testosterona o ganar músculo, tienen evidencia mucho más débil y efectos modestos limitados a perfiles concretos.

¿Cuánto tarda en hacer efecto la ashwagandha?
En los estudios los beneficios sobre estrés y sueño suelen aparecer a partir de las 6–8 semanas de uso continuado, no en los primeros días. El metaanálisis de sueño encontró efectos más claros con tratamientos de al menos 8 semanas y dosis en torno a 600 mg/día de extracto estandarizado.

¿La ashwagandha sube la testosterona?
En algunos ensayos sí, pero de forma modesta (del orden de un 15% más que placebo) y en subgrupos concretos: hombres con fatiga, sobrepeso o que entrenan fuerza. Buena parte del efecto se atribuye a la reducción del estrés y del cortisol, no a una acción hormonal directa. No es un potenciador de testosterona en un varón sano con niveles normales.

¿Es segura la ashwagandha? ¿Tiene efectos secundarios?
Se tolera bien en la mayoría de personas durante unos 3 meses, con efectos leves como molestias digestivas o somnolencia. Pero se han descrito casos de daño hepático, puede alterar la función tiroidea e interactuar con varios medicamentos. Está contraindicada en embarazo y lactancia y en personas con problemas de hígado o tiroides sin control médico.

¿Qué forma de ashwagandha es mejor: KSM-66, Sensoril o Shoden?
Todas son extractos estandarizados con distinto porcentaje de withanólidos y parte de la planta. KSM-66 (solo raíz) es el más usado en estudios de estrés y testosterona; Shoden (raíz y hoja) aparece en varios ensayos de sueño. Lo importante es que la etiqueta indique un extracto estandarizado y su porcentaje de withanólidos, no «raíz en polvo» genérica.

Conclusión y siguiente paso

La ashwagandha es un buen ejemplo de suplemento con una base científica real enterrada bajo una montaña de promesas infladas. Lo que de verdad sostiene la evidencia es discreto y valioso a la vez: baja el estrés y el cortisol y ayuda a dormir mejor a quien lo necesita. Lo demás —el chute de testosterona, el músculo, la longevidad— es sobre todo relato de marketing. Y como cualquier cosa que hace algo en el cuerpo, tiene una cara de seguridad que exige respeto: el hígado, la tiroides y el embarazo no son detalles menores.

El mensaje raíz vuelve a aplicar: cuidarse sin volverse loco. Un suplemento no arregla un estilo de vida, y ninguna raíz sustituye a dormir, entrenar y gestionar el estrés de fondo. Si encajas en el perfil para el que sirve y no estás en ninguno de los grupos que deben evitarla, probarla con cabeza —extracto estandarizado, 6–8 semanas, y ojo a cómo respondes— es una decisión razonable. Si tienes dudas por tu medicación o tus analíticas, esa conversación es con tu médico. El suplemento es una herramienta, no un atajo.

Si decides probarla

Busca siempre un extracto estandarizado de raíz (tipo KSM-66) con su porcentaje de withanólidos en la etiqueta, no «raíz en polvo» genérica. Dos opciones que uso como referencia:

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Álvaro Gómez Molina

Escrito por

Álvaro Gómez Molina

Fisioterapeuta Colegiado nº 4908 (COFIGA). Especialista en Biomecánica y Ecografía Musculoesquelética. Fundador de Project 170.

Sobre el autor →

Divulgación basada en evidencia. No sustituye consejo médico personalizado. La ashwagandha puede afectar al hígado y a la tiroides e interactuar con medicamentos; está contraindicada en embarazo y lactancia. Si tomas medicación, tienes una enfermedad hepática o tiroidea, o cualquier duda sobre si te conviene, consúltalo con tu médico o farmacéutico antes de empezar.

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