Glucosamina y condroitina para la artrosis: qué dice la evidencia y por qué en España te las receta el médico

TL;DR — La glucosamina y la condroitina son, con diferencia, los suplementos para la artrosis más vendidos del mundo, y también los que peor salen parados cuando se miran los ensayos grandes. El ensayo de referencia —1.583 pacientes, financiación pública— no encontró diferencia frente a placebo en el conjunto de los participantes. Las guías de Estados Unidos y del Reino Unido recomiendan expresamente no usarlos. En España, en cambio, son medicamentos con receta financiados por la Seguridad Social. Esa contradicción no es un error: viene de que no todas las glucosaminas son la misma molécula, y de que la que se estudió en los ensayos positivos europeos no es la que compras en un bote. Lo que sigue es cómo distinguirlas, qué puedes esperar de forma realista y cómo comprobar en ocho semanas si a ti te está haciendo algo.

Dato clave

En el ensayo GAIT, financiado por los Institutos Nacionales de Salud de EE. UU., respondieron al tratamiento el 60,1 % de los pacientes con placebo, el 64,0 % con glucosamina, el 65,4 % con condroitina y el 66,6 % con la combinación. Ninguna de esas diferencias alcanzó significación estadística. La única rama que superó claramente al placebo fue el antiinflamatorio de comparación (celecoxib, 70,1 %).

Clegg DO, Reda DJ, Harris CL, Klein MA, O’Dell JR, Hooper MM, et al. Glucosamine, Chondroitin Sulfate, and the Two in Combination for Painful Knee Osteoarthritis. The New England Journal of Medicine. 2006;354(8):795–808. DOI: 10.1056/NEJMoa052771

La escena se repite en consulta cada pocas semanas. Alguien con la rodilla tocada me enseña un bote que le ha recomendado un cuñado, un anuncio o su farmacéutico, y me hace la pregunta más razonable del mundo: ¿esto sirve para algo o estoy tirando el dinero?

La respuesta honesta es incómoda, porque tiene tres capas. La primera: en promedio, y en la mayoría de la gente, el efecto es muy pequeño o inexistente. La segunda: «glucosamina» no es una sola cosa, y una parte importante del lío científico de los últimos veinte años viene de haber mezclado moléculas distintas bajo el mismo nombre. Y la tercera, la que casi nadie cuenta en español: en España esto no es un suplemento, es un medicamento con receta, y eso cambia bastante la conversación.

Vamos por orden.

¿Qué son la glucosamina y la condroitina y qué se supone que hacen?

Las dos son componentes naturales del cartílago. La glucosamina es un aminoazúcar que el cuerpo fabrica y que sirve de ladrillo para los glucosaminoglicanos de la matriz cartilaginosa. La condroitina (condroitín sulfato) es uno de esos glucosaminoglicanos: una cadena larga que retiene agua y le da al cartílago su capacidad de amortiguar carga.

La lógica comercial es directa y muy intuitiva: si el cartílago se está desgastando y está hecho de esto, dale esto. El problema es que la intuición no es un mecanismo. Te comes un filete y no te crece músculo en el bíceps por el hecho de comer proteína animal; hace falta todo el proceso intermedio. Con la glucosamina pasa algo parecido: tomada por boca se absorbe bien, pero la concentración que llega al líquido sinovial es una fracción muy pequeña de la que se usa en los experimentos de laboratorio donde sí se ve un efecto sobre los condrocitos.

Eso no invalida la hipótesis, pero explica por qué el efecto clínico, si existe, es necesariamente modesto. Nadie serio sostiene hoy que la glucosamina «regenere» cartílago. La pregunta realista es más humilde: ¿reduce el dolor lo suficiente como para que lo notes?

La distinción que lo cambia todo: sulfato cristalino, sulfato y clorhidrato

Si te quedas solo con una idea de este artículo, que sea esta. Bajo la palabra «glucosamina» conviven al menos tres cosas distintas:

  • Sulfato de glucosamina cristalino patentado (pCGS). Una formulación concreta, desarrollada por un laboratorio italiano, que se toma en una sola dosis diaria de 1.500 mg y alcanza en plasma concentraciones de en torno a 10 micromolar. Es la que se usó en los ensayos europeos de tres años que dieron resultados positivos.
  • Sulfato de glucosamina genérico. Misma sal, pero repartido en varias tomas al día y con formulaciones de biodisponibilidad variable. Aquí la evidencia se vuelve borrosa.
  • Clorhidrato de glucosamina. Una sal distinta, más barata de fabricar, muy común en los botes de suplementación de Estados Unidos y de Amazon. Es la que se usó en el ensayo GAIT. Prácticamente todas las guías coinciden en que esta forma no ha demostrado eficacia.

Aquí es donde la historia se pone interesante, y también donde hay que tener el detector de conflictos de interés encendido. La sociedad europea que se ocupa de estas enfermedades —la ESCEO— defiende que solo el sulfato cristalino patentado funciona, y lo coloca como tratamiento de fondo de primera línea para la artrosis de rodilla. Los autores de esa posición tienen en muchos casos vínculos con el fabricante. Eso no convierte el argumento en falso —la diferencia farmacocinética entre las sales está medida y es real—, pero obliga a leerlo con cuidado.

Un análisis clásico del asunto (Vlad SC, LaValley MP, McAlindon TE, Felson DT. Glucosamine for pain in osteoarthritis: why do trial results differ? Arthritis and Rheumatism. 2007;56(7):2267–2277) encontró que dos variables explicaban buena parte de la disparidad de resultados entre estudios: qué sal se usaba y quién pagaba el ensayo. Los estudios independientes tendían a no encontrar efecto. Los patrocinados por el fabricante de la formulación patentada, sí.

Como resumen práctico: si el bote que tienes en la mano pone «glucosamine hydrochloride», la evidencia que lo respalda es esencialmente nula, y eso lo firman tanto quienes defienden la molécula como quienes la critican. Es de las pocas cosas en las que todo el mundo está de acuerdo.

Qué encontró de verdad el ensayo GAIT

El GAIT es el ensayo que hay que conocer, porque es el más grande, el mejor diseñado y —clave— el que no pagó ningún fabricante de suplementos. Lo financiaron los Institutos Nacionales de Salud estadounidenses. 1.583 personas con artrosis de rodilla, 24 semanas, cinco ramas de tratamiento y un objetivo primario definido de antemano: lograr una reducción de al menos el 20 % en el dolor medido con la escala WOMAC.

Rama del ensayo Respondedores ¿Superó al placebo?
Placebo60,1 %—
Glucosamina (clorhidrato, 1.500 mg/día en 3 tomas)64,0 %No
Condroitín sulfato (1.200 mg/día en 3 tomas)65,4 %No
Combinación de ambos66,6 %No
Celecoxib 200 mg/día (antiinflamatorio)70,1 %Sí

Fíjate en el dato que menos se comenta: el 60 % del grupo placebo mejoró. En dolor articular, el efecto placebo más la evolución natural fluctuante de la artrosis explican una parte enorme de lo que la gente atribuye a lo que está tomando. Por eso hacen falta ensayos controlados y no testimonios.

Hay un matiz que los defensores citan siempre y que es justo mencionar: en un subgrupo preespecificado de pacientes con dolor de moderado a grave (354 personas), la combinación sí superó al placebo —79,2 % frente a 54,3 %—. Es un resultado llamativo. También es un análisis exploratorio en un subgrupo pequeño, del tipo que en investigación clínica acaba no replicándose la mayoría de las veces. Los propios autores lo presentaron como generador de hipótesis, no como conclusión.

La continuación del GAIT a dos años no encontró tampoco un efecto significativo sobre la pérdida de espacio articular, que es la forma indirecta de medir si el cartílago se está conservando. Y el metaanálisis en red más citado sobre el tema (Wandel S, Jüni P, Tendal B, Nüesch E, Villiger PM, Welton NJ, et al. Effects of glucosamine, chondroitin, or placebo in patients with osteoarthritis of hip or knee. BMJ. 2010;341:c4675) concluyó que el efecto agrupado, aun siendo estadísticamente detectable en algunos análisis, quedaba por debajo del umbral que se considera clínicamente perceptible para el paciente.

¿Qué dicen las guías clínicas?

Guía Posición sobre glucosamina y condroitina
OARSI 2019
Sociedad internacional de artrosis
Recomienda en contra de ambos para artrosis de rodilla. Motivo declarado: falta de eficacia y evidencia de baja calidad.
ACR / Arthritis Foundation 2019
Colegio Americano de Reumatología
Recomienda fuertemente en contra de la glucosamina, sola o combinada, y en contra de la condroitina en rodilla y cadera. Deja una recomendación condicional a favor de la condroitina solo en artrosis de manos.
NICE 2022 (NG226)
Reino Unido
No ofrecer glucosamina ni condroitina para el manejo de la artrosis. Si el paciente pregunta, explicarle que no hay evidencia sólida de beneficio.
ESCEO 2019
Sociedad europea (ESCEO)
A favor, pero solo del sulfato de glucosamina cristalino patentado, como tratamiento de fondo de primer escalón junto a educación, pérdida de peso y ejercicio.

No es que unas guías estén actualizadas y otras no. Es que discrepan sobre si la distinción entre sales justifica tratar las dos moléculas por separado, y sobre cuánto peso dar a ensayos financiados por el fabricante.

Cuando cuatro paneles de expertos leen la misma literatura y llegan a conclusiones opuestas, lo honesto no es elegir el que más te convenga y presentarlo como «la ciencia». Es decir que estamos en una zona de efecto pequeño y evidencia frágil, donde el resultado depende mucho de qué estudios decidas contar.

Entonces, ¿por qué en España me lo receta el médico y lo paga la Seguridad Social?

Esta es la parte que no vas a encontrar explicada en los artículos traducidos del inglés, y es justo la que más confunde al paciente español.

En Estados Unidos y en el Reino Unido, la glucosamina y la condroitina son complementos alimenticios. Se venden en el supermercado, nadie los receta y ningún sistema público los paga. En España, en cambio, la AEMPS los autorizó como medicamentos para el tratamiento sintomático de la artrosis. Existen genéricos de sulfato de glucosamina 1.500 mg en sobres —Cinfa, Normon, Pensa, Kern y otros—, existe el condroitín sulfato en cápsulas y existe la combinación (Droglican, 200 mg de condroitín sulfato más 250 mg de clorhidrato de glucosamina por cápsula, dos cápsulas tres veces al día durante al menos seis meses).

Fíjate en la ficha de esa combinación: su indicación autorizada es la artrosis de rodilla en pacientes con dolor de moderado a grave. Es decir, está redactada exactamente sobre el subgrupo exploratorio del GAIT que antes comentábamos, más un ensayo posterior (el MOVES) que comparó la combinación con celecoxib y concluyó que no era inferior. El detalle del MOVES que conviene conocer: no tenía rama de placebo. Demostrar que dos cosas se parecen no demuestra que ninguna de las dos funcione, si resulta que en ese tipo de pacientes el placebo hace casi lo mismo.

Que sean medicamentos financiados no es entonces una prueba de eficacia superior, sino el resultado de decisiones regulatorias tomadas en su momento con la evidencia disponible y con criterios distintos a los de las guías clínicas. De hecho, la financiación pública de estos fármacos lleva más de una década discutiéndose en España, y países como Dinamarca y Suecia los retiraron de su financiación pública.

La lectura práctica para ti tiene dos partes. Una: si vas a probarlo, la versión farmacéutica española es sulfato, viene en la dosis estudiada, la revisa tu médico y te cuesta una fracción de lo que pagas en un bote. Dos: eso no la convierte en eficaz. Sigue siendo un fármaco de efecto pequeño e incierto, solo que barato y bien caracterizado.

El titular del corazón: ¿la glucosamina protege del infarto?

En 2019 salió en prensa que tomar glucosamina se asociaba a menos enfermedad cardiovascular. El estudio existe y es serio: casi medio millón de participantes del UK Biobank seguidos durante siete años (Ma H, Li X, Sun D, Zhou T, Ley SH, Gustat J, et al. Association of habitual glucosamine use with risk of cardiovascular disease: prospective study in UK Biobank. BMJ. 2019;365:l1628). Quienes tomaban glucosamina de forma habitual tuvieron alrededor de un 15 % menos de eventos cardiovasculares.

Y aquí toca aplicar exactamente el mismo filtro que usamos al hablar de la vitamina D o de cualquier otro biomarcador de longevidad: esto es un estudio observacional. Quien compra glucosamina por iniciativa propia en Reino Unido es una persona que se preocupa por su salud, que probablemente fuma menos, se mueve más, va más al médico y tiene más renta. Los autores ajustaron por lo que pudieron, pero ese ajuste nunca es completo.

El patrón lo hemos visto decenas de veces: asociación observacional entusiasta, ensayo aleatorizado decepcionante. Ocurrió con las vitaminas antioxidantes, con el betacaroteno, con la terapia hormonal. Hasta que alguien haga un ensayo aleatorizado con desenlaces cardiovasculares —y nadie lo va a financiar para una molécula sin patente—, la respuesta correcta es: interesante, no accionable. No tomes glucosamina por el corazón.

Si vas a probarlo, hazlo bien: dosis, forma y plazos

Mi postura es que probarlo es defendible. El perfil de seguridad es bueno, es barato y en un porcentaje de gente parece hacer algo. Lo que no es defendible es probarlo mal y quedarse tres años tomándolo «por si acaso», sin haber comprobado nunca si te aporta. Así que si lo haces, hazlo como un experimento:

  • Elige sulfato, no clorhidrato. En España lo tienes como medicamento en la dosis estudiada. Es la única forma con algo de evidencia detrás.
  • 1.500 mg al día de glucosamina. Si es sulfato cristalino, en una sola toma diaria; es como se estudió. Si añades condroitín sulfato, la dosis de los ensayos es 1.200 mg al día.
  • Dale entre 8 y 12 semanas. Es un fármaco de acción lenta. Antes de dos meses no has probado nada. Después de tres, si no ha pasado nada, no va a pasar.
  • Mide antes de empezar. Esto es lo que casi nadie hace y lo que separa un experimento de una superstición.
  • Cambia una sola cosa a la vez. Si empiezas glucosamina, fisioterapia y una rutina de fuerza el mismo lunes, dentro de tres meses no sabrás a qué atribuir la mejoría. Y te quedarás tomando el bote para siempre por si era eso.

Tu prueba de 12 semanas

Antes de la primera toma, apunta tres números. Dentro de doce semanas, vuelve a apuntarlos sin mirar los anteriores.

  1. Dolor medio de la última semana, de 0 a 10.
  2. Cuántos días de los últimos siete te ha limitado para algo que querías hacer.
  3. Una prueba funcional concreta: segundos en levantarte de una silla cinco veces seguidas, o escalones que puedes bajar seguidos sin que moleste.

Si a las doce semanas los tres siguen igual, tienes tu respuesta y te ahorras el gasto. Si han mejorado de forma clara, tienes algo que merece seguir. Cualquiera de los dos resultados es información que ahora mismo no tienes.

Seguridad: marisco, anticoagulantes y azúcar en sangre

El perfil de seguridad es de los mejores del mundo de los suplementos. En los ensayos, los efectos adversos fueron similares a los del placebo, y se limitan sobre todo a molestias digestivas leves. Dicho esto, hay tres avisos que sí importan:

  • Anticoagulantes cumarínicos (Sintrom, warfarina): este es el aviso serio. Se han recogido decenas de notificaciones de aumento del INR al añadir glucosamina en personas anticoaguladas, y la EFSA emitió un informe específico sobre ello en 2011. Si tomas acenocumarol o warfarina, no empieces glucosamina sin decírselo a quien te controla el INR. No es una precaución de manual: es un efecto documentado.
  • Alergia al marisco. La glucosamina se extrae habitualmente del caparazón de crustáceos, y el alérgeno del marisco está en la carne, no en el caparazón, así que el riesgo real es bajo. Aun así, existen versiones de origen vegetal (fermentación de maíz) y, si tu alergia es grave, no hay motivo para arriesgarse pudiendo elegir.
  • Diabetes y glucosa. La preocupación teórica venía de que la glucosamina es un aminoazúcar y en estudios con infusiones intravenosas a dosis altas alteraba la sensibilidad a la insulina. Con las dosis orales habituales, los ensayos no han encontrado un efecto relevante sobre la glucemia ni sobre la hemoglobina glicosilada. Si tienes diabetes, es razonable controlarte al empezar; no es motivo para descartarlo.

Añado uno que no es de seguridad sino de sentido común: si estás tomando un multivitamínico «para articulaciones», una fórmula de colágeno con extras y además el medicamento, revisa las etiquetas. Es fácil acabar tomando lo mismo tres veces y pagándolo tres veces.

Qué sí mueve la aguja en una rodilla con artrosis

Llevo quince años viendo rodillas con artrosis y te digo lo que veo, que no siempre coincide con lo que la gente espera oír. El orden de importancia real es este, y el suplemento no aparece en los tres primeros puestos:

  • Ejercicio de fuerza y ejercicio terapéutico. Es la intervención con el efecto más consistente sobre dolor y función en artrosis de rodilla, y todas las guías que hemos visto —incluidas las que rechazan la glucosamina— lo ponen en primera línea. El músculo que rodea la articulación es la única amortiguación que puedes construir tú. Lo desarrollo en la guía sobre fuerza muscular y longevidad.
  • Pérdida de peso, si hay exceso. Cada kilo que bajas descarga varios kilos de fuerza articular en cada paso. Es aritmética, no ideología.
  • Seguir moviéndote. El cartílago se nutre por compresión intermitente: no tiene vasos, vive del líquido sinovial que entra y sale con el movimiento. La rodilla artrósica que se protege del movimiento se deteriora más rápido, no menos. Esto es contraintuitivo y es de las cosas más importantes que puedo decirte.
  • Control del dolor para poder hacer lo anterior. Aquí entran analgésicos, antiinflamatorios tópicos y, sí, también un suplemento de efecto modesto si a ti te sirve. No como tratamiento, sino como facilitador de lo que de verdad cambia el pronóstico.

Si buscas un bote que merezca la pena en este contexto, el colágeno hidrolizado tiene una evidencia comparable —también modesta— en dolor articular, y la curcumina ha salido razonablemente bien parada en artrosis de rodilla frente a antiinflamatorios en ensayos pequeños. Ninguno de los tres es una solución. Los tres son ayudas marginales que pueden facilitarte hacer lo que sí funciona.

Y el marco de siempre, que es el que vertebra todo lo que escribo aquí: a tu abuelo le empezó a doler la rodilla a los sesenta, pero el proceso llevaba décadas en marcha. Si tienes treinta y cinco años y lees esto por curiosidad, la palanca que tienes en la mano no es un bote. Es tener masa muscular suficiente, un peso razonable y la costumbre de moverte. Ninguna cápsula compensa lo contrario, y quien te diga que sí te está vendiendo algo.

Preguntas frecuentes sobre la glucosamina y la condroitina

¿La glucosamina y la condroitina sirven para la artrosis?
El efecto medio es pequeño y en los ensayos grandes e independientes no se distingue del placebo. El ensayo GAIT, con 1.583 pacientes y financiación pública, no encontró diferencias significativas frente a placebo en el conjunto de los participantes: respondió el 60,1 % del grupo placebo frente al 64,0 % con glucosamina y el 66,6 % con la combinación. Las guías de la OARSI, del Colegio Americano de Reumatología y del NICE británico recomiendan no usarlas. La sociedad europea ESCEO discrepa, pero solo respecto a una formulación concreta, el sulfato de glucosamina cristalino patentado. No es un timo, pero tampoco es un tratamiento, y la mayoría de las personas no notará nada.

¿Cuál es la diferencia entre sulfato de glucosamina y clorhidrato de glucosamina?
Son dos sales distintas de la misma molécula, y la diferencia importa. El sulfato de glucosamina en su formulación cristalina patentada se toma en una dosis única diaria de 1.500 mg y alcanza concentraciones plasmáticas de unos 10 micromolar, y es la forma usada en los ensayos europeos que dieron resultados positivos. El clorhidrato de glucosamina es más barato de fabricar, es el que domina los botes de suplementación vendidos por internet y es el que se usó en el ensayo GAIT, que fue negativo. Existe consenso amplio, entre defensores y críticos, en que el clorhidrato no ha demostrado eficacia.

¿Cuánto tiempo tarda en hacer efecto la glucosamina?
Es un fármaco de acción lenta: si va a notarse algo, suele tardar entre ocho y doce semanas. Por debajo de dos meses no se ha hecho una prueba real. Por encima de tres meses sin ningún cambio, la probabilidad de que empiece a funcionar es muy baja y lo razonable es dejarlo. La dosis estudiada es de 1.500 mg diarios de glucosamina y, si se combina, 1.200 mg diarios de condroitín sulfato. Conviene anotar el dolor y alguna medida funcional antes de empezar, porque a los tres meses casi nadie recuerda con precisión cómo estaba.

¿Por qué en España la glucosamina es un medicamento con receta y en otros países un suplemento?
Porque la AEMPS las autorizó como medicamentos para el tratamiento sintomático de la artrosis, mientras que en Estados Unidos y en el Reino Unido se clasificaron como complementos alimenticios y nunca han estado financiados. En España existen genéricos de sulfato de glucosamina de 1.500 mg y combinaciones con condroitín sulfato, y han venido estando financiadas por el Sistema Nacional de Salud, algo que se ha discutido repetidamente. Dinamarca y Suecia las retiraron de su financiación pública. Que algo esté autorizado y financiado refleja decisiones regulatorias tomadas con la evidencia y los criterios de su momento, no una prueba de mayor eficacia.

¿La glucosamina regenera el cartílago?
No. Ningún ensayo ha demostrado regeneración de cartílago con glucosamina oral. Lo que se ha estudiado es si frena la pérdida de espacio articular, que es la forma indirecta de medir el deterioro, y los resultados son inconsistentes: dos ensayos europeos de tres años con sulfato de glucosamina cristalino sugirieron un efecto protector, mientras que el seguimiento a dos años del ensayo GAIT no encontró diferencias significativas. La cantidad de glucosamina que llega al líquido sinovial tras una dosis oral es una fracción muy pequeña de la que se necesita para ver efectos sobre los condrocitos en el laboratorio.

¿Tiene efectos secundarios o interacciones la glucosamina?
El perfil de seguridad es bueno y en los ensayos los efectos adversos fueron similares a los del placebo, sobre todo molestias digestivas leves. La interacción que sí importa es con los anticoagulantes cumarínicos como el acenocumarol o la warfarina: se han notificado aumentos del INR al añadir glucosamina, y la EFSA publicó un informe específico sobre ello en 2011. Si estás anticoagulado, coméntalo antes de empezar. La glucosamina suele extraerse del caparazón de crustáceos, aunque el riesgo para alérgicos al marisco es bajo porque el alérgeno está en la carne; existen versiones de origen vegetal. En diabetes, las dosis orales habituales no han mostrado un efecto relevante sobre la glucemia.

¿Es cierto que la glucosamina protege el corazón?
Es un hallazgo observacional, no una relación demostrada. Un estudio prospectivo sobre casi medio millón de participantes del UK Biobank encontró que quienes tomaban glucosamina de forma habitual tenían alrededor de un 15 % menos de eventos cardiovasculares. El problema es que quien compra glucosamina por iniciativa propia suele tener otros hábitos de salud mejores, y ese sesgo no se elimina del todo con ajustes estadísticos. No existe ningún ensayo aleatorizado con desenlaces cardiovasculares que lo confirme, y es improbable que se financie para una molécula sin patente. No es motivo para tomar glucosamina.

Si vas a gastarte el dinero

No me patrocina nadie, y por eso puedo decirte lo poco rentable: si quieres glucosamina, pídesela a tu médico. En España existe como medicamento genérico de sulfato 1.500 mg, es la forma con evidencia, la revisa un profesional y cuesta una fracción de lo que vale un bote. Casi todo lo que se vende por internet es clorhidrato, que es justamente la forma que no ha demostrado nada. Si lo que buscas es un complemento para articulaciones con una evidencia al menos equivalente, el colágeno hidrolizado y la curcumina son opciones más defendibles.

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Álvaro Gómez Molina

Redacción Project 170 · Revisado por

Álvaro Gómez Molina

Fisioterapeuta Colegiado nº 10.249 (ICOFM). Máster en Fisioterapia Invasiva. Especialista en fisioterapia musculoesquelética. Fundador de Project 170.

Quiénes somos y cómo trabajamos →

Divulgación basada en evidencia. No sustituye consejo médico personalizado. En España la glucosamina y el condroitín sulfato son medicamentos sujetos a prescripción: la decisión de iniciarlos, mantenerlos o retirarlos corresponde a tu médico. Consúltalo especialmente si tomas anticoagulantes cumarínicos, tienes alergia grave al marisco, diabetes o estás embarazada.

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