TL;DR — La vitamina C es de los suplementos más vendidos del mundo y de los peor entendidos. Tu cuerpo satura: por encima de unos 200 mg al día el plasma deja de subir de forma apreciable y lo que sobra acaba en la orina, así que los botes de 1.000 mg no son diez veces mejores que uno de 100. Para el resfriado, la evidencia es menos espectacular de lo que dice el anuncio y menos ridícula de lo que dice el escéptico: tomarla a diario acorta los catarros alrededor de un 8 % en adultos y reduce su gravedad un 15 %, pero empezarla cuando ya estás malo no ha demostrado gran cosa. Y la liposomada sí absorbe algo más —un 27 % de pico plasmático en el ensayo mejor hecho—, aunque ese extra cae justo en la parte de la curva donde el cuerpo ya está lleno. Lo que sigue es cuánta necesitas de verdad, qué forma tiene sentido y en qué casos conviene no pasarse.
Dato clave
En el estudio que definió la farmacocinética de esta vitamina, siete voluntarios vivieron ingresados entre cuatro y seis meses con una dieta de menos de 5 mg diarios, y se les fue subiendo la dosis de 30 a 2.500 mg. La biodisponibilidad fue completa con 200 mg en dosis única. A partir de 500 mg empezó a caer y lo absorbido de más se eliminó por orina. La saturación plasmática completa se alcanzó en torno a los 1.000 mg diarios.
Levine M, Conry-Cantilena C, Wang Y, Welch RW, Washko PW, Dhariwal KR, et al. Vitamin C pharmacokinetics in healthy volunteers: evidence for a recommended dietary allowance. Proceedings of the National Academy of Sciences. 1996;93(8):3704–3709. DOI: 10.1073/pnas.93.8.3704
Hay una conversación que se repite en consulta cada invierno. Alguien llega con mocos, me cuenta que lleva dos días tomando «vitamina C a tope» y me pregunta si sirve de algo. Y luego, sin solución de continuidad, me enseña el móvil con un bote de vitamina C liposomada que cuesta cuatro veces más que el del supermercado y me pregunta si merece la pena.
Son dos preguntas distintas y las dos tienen respuesta. Pero antes hay que entender una cosa que explica casi todo lo demás: la vitamina C no funciona como un depósito que puedes llenar todo lo que quieras. Funciona como un vaso con un rebosadero. Llenarlo cuesta poco. Y a partir de ahí, por mucho que sigas echando agua, el nivel no sube: se va por el desagüe.
Esa idea —que hay un techo fisiológico, y que está bastante más bajo de lo que sugiere la etiqueta— es la que ordena todo lo que viene ahora.
¿Para qué sirve realmente la vitamina C?
El ácido ascórbico hace tres trabajos principales en el cuerpo humano, y conviene separarlos porque el marketing los mezcla constantemente.
1. Es cofactor de enzimas. Este es el papel serio. La vitamina C es imprescindible para que funcionen las prolil y lisil hidroxilasas, las enzimas que estabilizan la triple hélice del colágeno. Sin ella, el colágeno que fabricas es defectuoso: por eso el escorbuto cursa con encías que sangran, heridas que no cierran y capilares frágiles. También participa en la síntesis de carnitina y de noradrenalina, y en la regulación de enzimas que modifican el ADN.
2. Es antioxidante en fase acuosa. Neutraliza radicales libres en el plasma y en el interior celular, y regenera la vitamina E oxidada. Aquí es donde empieza el resbalón habitual: que algo sea antioxidante en un tubo de ensayo no significa que suplementarlo cambie un desenlace clínico. Décadas de ensayos con antioxidantes a dosis altas han enseñado esa lección por las malas.
3. Mejora la absorción del hierro no hemo. Reduce el hierro férrico a ferroso en el intestino y multiplica lo que absorbes del hierro de origen vegetal. Este efecto es real, está bien medido y es probablemente el uso práctico más infravalorado de la vitamina C. Si te interesa el tema, lo desarrollo en la guía sobre qué significa tener la ferritina alta o baja.
Lo que no hace, pese a lo que digan las cajas: no «refuerza las defensas» en el sentido mágico del anuncio, no previene el cáncer, no cura resfriados y no compensa dormir cinco horas.
¿Cuánta vitamina C necesitas al día?
Depende de qué pregunta estés haciendo, y aquí es donde casi todo el contenido en español se equivoca. Hay tres cifras distintas y no son intercambiables.
| Referencia | Cantidad | Qué significa |
|---|---|---|
| Prevenir el escorbuto | ~10 mg/día | El mínimo para no enfermar. No es un objetivo, es un suelo. |
| Ingesta de referencia EFSA (adultos) | 110 mg/día hombres · 95 mg/día mujeres | La cantidad que cubre las necesidades de prácticamente toda la población sana europea. |
| Recomendación estadounidense (IOM) | 90 mg/día hombres · 75 mg/día mujeres | Algo más baja. Los fumadores suman 35 mg/día por el mayor recambio oxidativo. |
| Saturación tisular aproximada | ~200–400 mg/día | A partir de aquí el plasma se aplana. Es el techo práctico. |
| Límite superior tolerable (IOM) | 2.000 mg/día | Umbral por encima del cual aumentan las molestias digestivas y otros riesgos. |
Lo importante: 110 mg son dos kiwis. O un pimiento rojo mediano. O una naranja grande más medio pomelo. No es una cifra difícil de alcanzar comiendo, y esa es la razón por la que el escorbuto es rarísimo en España salvo en situaciones muy concretas —alcoholismo, trastornos de la conducta alimentaria, aislamiento social en personas mayores, dietas extremadamente restrictivas.
Dicho eso, cubrir el mínimo y estar en la parte cómoda de la curva no es lo mismo. La EFSA fija su referencia en una concentración plasmática en ayunas de unos 50 µmol/L. Los datos de Levine sugieren que el plasma se aplana en torno a 70–80 µmol/L, y eso se consigue con algo más de 200 mg diarios. Ahí, para mí, está la zona sensata: entre 200 y 400 mg al día, preferentemente de comida, y si no llega, con un suplemento barato.
Por qué 1.000 mg no es diez veces mejor que 100 mg
Esta es la parte que cambia cómo miras el pasillo de la farmacia.
La vitamina C se absorbe mediante transportadores activos, los SVCT1 y SVCT2. Un transportador es una puerta con un número finito de plazas: cuando se llenan, no importa cuánta gente haya esperando fuera. A dosis bajas absorbes casi el 100 %. A 200 mg en dosis única, todavía el 100 %. A partir de 500 mg la absorción fraccional cae, y a dosis de gramo se absorbe en torno a la mitad o menos. Lo que entra de más, además, el riñón lo elimina porque también hay un techo en la reabsorción tubular.
Resultado práctico: pasar de 100 a 200 mg diarios sube el plasma de forma clara. Pasar de 400 a 1.000 lo sube muy poco. Y pasar de 1.000 a 2.000 no lo sube prácticamente nada: fabricas orina cara.
Hay dos matices honestos. El primero es que fraccionar la dosis sí aumenta lo absorbido: 2 × 250 mg entra mejor que 1 × 500 mg, porque le das tiempo al transportador a vaciarse. El segundo es que la vía intravenosa se salta el transportador intestinal por completo y alcanza concentraciones plasmáticas milimolares, imposibles por boca. Por eso la vitamina C intravenosa a dosis altas se investiga en oncología como un fármaco distinto, no como un suplemento. Eso es medicina hospitalaria en investigación y no tiene nada que ver con lo que compras en un bote.
Vitamina C y resfriado: qué dice la evidencia de verdad
La historia arranca con Linus Pauling, doble premio Nobel, que en 1970 publicó un libro defendiendo que gramos diarios de vitamina C prevenían el catarro. Tenía una autoridad enorme y estaba equivocado en la parte gruesa. Pero la reacción pendular —«la vitamina C no sirve para nada»— también se pasa de frenada.
Los datos, ordenados:
- Prevenir el resfriado: no. En población general, tomar vitamina C a diario no reduce cuántos catarros pillas. Con decenas de ensayos y miles de participantes, ese resultado es sólido.
- Salvo en un grupo concreto: sí. En personas sometidas a estrés físico extremo —maratonianos, esquiadores, soldados en maniobras árticas— la incidencia se redujo aproximadamente a la mitad. Es un subgrupo pequeño y muy particular, pero el efecto fue consistente.
- Acortar el resfriado: un poco. La suplementación regular reduce la duración en torno a un 8 % en adultos y un 14 % en niños. Sobre un catarro de una semana, eso es medio día. Real, medible y modesto.
- Reducir la gravedad: algo más. El metaanálisis de Hemilä y Chalker de 2023, restringido a ensayos con al menos 1 g diario, encontró una reducción del 15 % en la gravedad de los síntomas (IC 95 % 9–21 %), con un efecto mayor sobre los días peores que sobre los leves.
- Empezar a tomarla cuando ya tienes síntomas: no hay evidencia consistente. Y esto es precisamente lo que hace todo el mundo.
Hemilä H, Chalker E. Vitamin C reduces the severity of common colds: a meta-analysis. BMC Public Health. 2023;23:2468. DOI: 10.1186/s12889-023-17229-8. Los datos de duración e incidencia proceden de la revisión Cochrane de los mismos autores (Hemilä H, Chalker E. Vitamin C for preventing and treating the common cold. Cochrane Database of Systematic Reviews. 2013;(1):CD000980).
Traducido: si te tomas un sobre efervescente el día que empiezas a estornudar, estás haciendo justo lo que menos respaldo tiene. El efecto —pequeño— aparece en quien ya la tomaba antes de ponerse malo.
Un apunte de contexto que suelo dar: el zinc en pastillas de chupar tiene, para acortar el catarro una vez empezado, una evidencia bastante más interesante que la vitamina C. Y sobre la vitamina D, la relación con las infecciones respiratorias depende mucho de si partías de déficit. Ninguna de las tres es un escudo.
¿Merece la pena la vitamina C liposomada?
Pregunta legítima, porque la diferencia de precio es brutal: un bote de ácido ascórbico puede costar cinco o seis euros y uno liposomado treinta o cuarenta.
La idea de partida tiene sentido. Encapsular el ascorbato en vesículas de fosfolípidos podría permitirle esquivar el cuello de botella del transportador intestinal y entrar por otra vía. Si el techo de absorción es el problema, sortearlo sería la solución.
¿Funciona? Sí, en parte, y menos de lo que sugiere el precio. El ensayo mejor hecho hasta la fecha es un cruzado doble ciego con placebo en 27 personas, con dosis única de 500 mg. La forma liposomada alcanzó un pico plasmático un 27 % más alto y un área bajo la curva de 24 horas un 21 % mayor que el ácido ascórbico normal. En leucocitos —que es donde importa si el argumento es inmunitario— la ventaja fue menor: 20 % en pico y solo 8 % en área bajo la curva.
Purpura M, Jäger R, Godavarthi A, Bhaskarachar D, Tinsley GM. Liposomal delivery enhances absorption of vitamin C into plasma and leukocytes: a double-blind, placebo-controlled, randomized trial. European Journal of Nutrition. 2024;63(8):3037–3046. DOI: 10.1007/s00394-024-03487-8.
Una revisión de alcance publicada en 2025 recopiló diez estudios comparando liposomada frente a no liposomada: nueve mostraron mayor biodisponibilidad, con rangos enormes (de 1,2 a 5,4 veces el pico). Ese rango tan amplio es la pista importante: «liposomal» no es una especificación, es una palabra. Formulaciones muy distintas, dosis de 0,15 a 10 g, ventanas de medición de 4 a 24 horas. No se pueden comparar entre sí, y desde luego no puedes asumir que el bote que compras se parece al del estudio.
Dos cosas más, y son las que casi nunca se cuentan:
- Casi toda esta literatura la financia la industria que vende el producto. El ensayo de las 27 personas probó una formulación comercial concreta y varios autores están vinculados a empresas del sector. Eso no invalida el resultado —el diseño es bueno—, pero obliga a leerlo con la ceja levantada.
- La ventaja se mide donde menos falta hace. Todos estos estudios usan dosis únicas altas, que es exactamente la situación donde el transportador se satura. Si tu ingesta habitual son 200–300 mg repartidos, no estás en esa parte de la curva y el problema que la liposomada resuelve simplemente no lo tienes.
Y el remate incómodo: ningún ensayo ha demostrado que esa mayor concentración plasmática se traduzca en un mejor resultado clínico. Absorber más no es lo mismo que estar mejor. Es el mismo error de razonamiento que lleva años arrastrando el mercado del colágeno hidrolizado o el de la curcumina con piperina: se optimiza el biomarcador intermedio y se da por hecho el desenlace.
Mi lectura, sin rodeos: si te sobra el dinero, la liposomada no te va a hacer daño y absorbe algo más. Si no te sobra, el mismo dinero invertido en fruta y verdura te da mucho más rendimiento en salud.
Ácido ascórbico, ascorbato, Ester-C, acerola: ¿cuál elegir?
| Forma | Qué es | Lectura honesta |
|---|---|---|
| Ácido ascórbico | La molécula pura, la más barata | La referencia. Es la que se ha usado en la mayoría de los ensayos. Puede molestar el estómago a dosis altas. |
| Ascorbato sódico o cálcico | Sales tamponadas, menos ácidas | Útil si el ácido ascórbico te sienta mal. Ojo con la carga de sodio si tienes hipertensión. |
| Ester-C | Ascorbato cálcico con metabolitos añadidos | Se vende como más biodisponible. Los ensayos independientes no han encontrado una ventaja convincente frente al ácido ascórbico. |
| Liposomada | Ascorbato en vesículas de fosfolípidos | Absorbe algo más. Sin beneficio clínico demostrado. Cuesta entre cuatro y ocho veces más. |
| Acerola, camu-camu | Extractos vegetales ricos en vitamina C | La vitamina C es la misma molécula. Pagas por el envoltorio y por los bioflavonoides acompañantes, cuyo efecto añadido no está bien establecido. |
| Con bioflavonoides | Ácido ascórbico más extracto cítrico | Plausible y poco estudiado. No es un motivo para pagar el triple. |
Si tuviera que resumirlo en una línea: ácido ascórbico o ascorbato, en dosis repartidas, con comida. Todo lo demás es una mejora marginal a un precio no marginal.
Vitamina C, colágeno y piel: lo que sí es cierto
Aquí hay un fondo real que el marketing ha inflado hasta hacerlo irreconocible.
Es verdad que sin vitamina C no puedes fabricar colágeno estable: las enzimas que hidroxilan la prolina y la lisina la necesitan como cofactor, y ese es el mecanismo del escorbuto. De ahí a que tomar más vitamina C te dé más colágeno hay un salto lógico que nadie ha demostrado. Un cofactor no es un ingrediente limitante si ya lo tienes en cantidad suficiente. Añadir más llaves no abre más puertas si todas las cerraduras ya tienen su llave.
Lo que sí tiene sentido: si estás suplementando colágeno hidrolizado o glicina con la idea de apoyar tejido conectivo, asegurarte de que la ingesta de vitamina C es adecuada es sensato y cuesta cero. Lo que no tiene sentido es pensar que la vitamina C oral, por sí sola, va a cambiar tu piel.
Para la piel, por cierto, la evidencia más sólida no es la de la cápsula sino la del sérum tópico: aplicada sobre la piel a concentraciones adecuadas y con pH ácido, la vitamina C tiene efectos demostrables sobre pigmentación y fotoenvejecimiento. Vía oral, no.
Cuándo conviene no pasarse: riñón, oxalato y otros matices
La vitamina C tiene fama de inocua porque es hidrosoluble y «lo que sobra se elimina». Es casi verdad. Casi.
Piedras de riñón. El ascorbato se metaboliza en parte a oxalato, y el oxalato cálcico es el componente principal de la mayoría de los cálculos renales. Un estudio prospectivo sobre 23.355 hombres suecos encontró que quienes tomaban suplementos de ácido ascórbico tenían aproximadamente el doble de incidencia de cálculos que quienes no tomaban ninguno (Thomas LDK, Elinder CG, Tiselius HG, Wolk A, Åkesson A. Ascorbic Acid Supplements and Kidney Stone Incidence Among Men: A Prospective Study. JAMA Internal Medicine. 2013;173(5):386–388. DOI: 10.1001/jamainternmed.2013.2296). Es un estudio observacional y no prueba causalidad, pero el mecanismo es plausible y coherente. Si has tenido cálculos de oxalato cálcico, las dosis de gramo no son para ti. Si te interesa cómo se vigila la función renal, lo explico en la guía sobre creatinina y filtrado glomerular.
Sobrecarga de hierro. Que la vitamina C multiplique la absorción de hierro es estupendo si eres vegetariano y tienes la ferritina baja, y es un problema si tienes hemocromatosis o cualquier cuadro de sobrecarga férrica. Ahí la recomendación va en sentido contrario.
Molestias digestivas. Por encima de 1 g de golpe es frecuente la diarrea osmótica y el malestar abdominal. No es peligroso, pero es la razón número uno por la que la gente abandona.
Interferencia con analíticas. Dosis altas pueden falsear medidores de glucosa capilar y algunas tiras de sangre oculta en heces. Si vas a hacerte pruebas, dilo.
Déficit de G6PD. Dosis muy altas, sobre todo intravenosas, pueden desencadenar hemólisis. Es raro, pero existe.
Y un matiz que me interesa especialmente por el enfoque de este blog: existe literatura razonable sugiriendo que los antioxidantes a dosis altas alrededor del entrenamiento pueden atenuar parte de las adaptaciones —biogénesis mitocondrial, ganancias de resistencia—, porque el estrés oxidativo del ejercicio es parte de la señal, no solo daño. La evidencia es heterogénea y no la convertiría en dogma, pero si entrenas en serio, meterte un gramo de vitamina C justo después de la sesión no es obviamente una buena idea. En esa misma línea está la discusión sobre inflamación crónica frente a inflamación aguda útil: no toda oxidación es enemiga.
Cómo lo enfoco yo
Sin protocolos cerrados, porque no hago recetas por internet. Pero el orden mental que uso es este:
- Primero la comida. Kiwi, pimiento rojo crudo, cítricos, fresas, brócoli, coles. Cinco raciones decentes de fruta y verdura al día te ponen por encima de 200 mg sin comprar nada. Y vienen con fibra, potasio y polifenoles que ningún bote replica.
- Ojo con el calor y el tiempo. La vitamina C se degrada al cocinar y al almacenar. Crudo y fresco cuenta bastante más que cocido y de hace una semana.
- Suplementar solo si la ingesta es mala de verdad. Fumadores, dietas muy pobres en vegetales, situaciones de estrés físico extremo, malabsorción. Si es el caso, ácido ascórbico barato, repartido, con comida.
- No perseguir el número grande. Los botes de 1.000 mg existen porque venden mejor, no porque funcionen mejor.
- Y no medirla en sangre por rutina. La vitamina C plasmática no forma parte de ninguna analítica estándar y su interpretación es delicada. Si quieres saber cómo está tu estado de micronutrientes, la conversación útil empieza por lo que comes, no por un marcador.
Lo digo como lo pienso: esta es una vitamina donde la industria ha construido un mercado enorme sobre una necesidad real que se cubre con dos kiwis. No es un timo —la deficiencia existe y es grave—, pero la distancia entre lo que promete la caja y lo que aporta el contenido es de las más grandes del pasillo.
Preguntas frecuentes sobre la vitamina C
¿Cuánta vitamina C hay que tomar al día?
La ingesta de referencia europea para adultos sanos es de 110 mg diarios en hombres y 95 mg en mujeres, y la estadounidense es algo más baja, 90 y 75 mg, con 35 mg adicionales para fumadores. Esas cantidades se cubren con dos kiwis o un pimiento rojo. Si lo que buscas es saturar el plasma, los datos de farmacocinética sitúan ese punto entre 200 y 400 mg diarios. Por encima de ahí la concentración plasmática apenas sube, porque los transportadores intestinales se saturan y el riñón elimina el exceso. El límite superior tolerable establecido en Estados Unidos es de 2.000 mg diarios.
¿La vitamina C previene o cura el resfriado?
Prevenirlo, no. En población general tomar vitamina C a diario no reduce el número de catarros que se pasan al año. La excepción es la gente sometida a estrés físico extremo, como maratonianos, esquiadores o soldados en maniobras, donde la incidencia se redujo aproximadamente a la mitad. Curarlo tampoco: la suplementación regular acorta la duración alrededor de un 8 por ciento en adultos y un 14 por ciento en niños, y reduce la gravedad de los síntomas un 15 por ciento en los ensayos con al menos un gramo diario. Empezar a tomarla una vez que ya tienes síntomas no ha mostrado un efecto consistente, que es precisamente lo que hace casi todo el mundo.
¿Merece la pena la vitamina C liposomada?
Absorbe algo más, pero probablemente no lo que cuesta. En el ensayo mejor diseñado, un cruzado doble ciego con 27 participantes y dosis única de 500 mg, la forma liposomada alcanzó un pico plasmático un 27 por ciento superior y un área bajo la curva un 21 por ciento mayor que el ácido ascórbico convencional, con ventajas menores en leucocitos. Hay tres pegas: la mayoría de estos estudios los financia la industria que vende el producto, la palabra liposomal no describe una formulación concreta sino un conjunto muy heterogéneo, y ningún ensayo ha demostrado que esa mayor absorción se traduzca en un mejor resultado de salud. Si tu ingesta habitual es moderada y repartida, el problema que resuelve no lo tienes.
¿Es mejor el ácido ascórbico o el ascorbato?
Para la mayoría de la gente el ácido ascórbico es la opción razonable: es la molécula usada en casi todos los ensayos y la más barata con diferencia. El ascorbato sódico o cálcico está tamponado y resulta más suave para el estómago, lo que tiene sentido si el ácido ascórbico te produce molestias digestivas, aunque conviene vigilar la carga de sodio en caso de hipertensión. El Ester-C se vende como más biodisponible pero los estudios independientes no han encontrado una ventaja convincente. Los extractos de acerola o camu-camu aportan exactamente la misma molécula a un precio superior.
¿La vitamina C puede provocar piedras en el riñón?
Puede aumentar el riesgo a dosis altas, sobre todo en hombres y en personas con antecedentes. El ascorbato se metaboliza en parte a oxalato, que es el componente principal de la mayoría de los cálculos renales. Un estudio prospectivo sobre 23.355 hombres suecos publicado en JAMA Internal Medicine en 2013 encontró aproximadamente el doble de incidencia de cálculos entre quienes tomaban suplementos de ácido ascórbico. Es un estudio observacional y no demuestra causalidad, pero el mecanismo es coherente. A las dosis que se obtienen de la dieta no hay motivo de preocupación; con suplementos de un gramo o más, y si has tenido cálculos de oxalato cálcico, conviene consultarlo.
¿La vitamina C aumenta el colágeno de la piel?
Es imprescindible para fabricar colágeno estable, pero eso no significa que tomar más produzca más. La vitamina C actúa como cofactor de las enzimas que hidroxilan la prolina y la lisina, y su ausencia causa el colágeno defectuoso del escorbuto. Sin embargo, un cofactor deja de ser limitante en cuanto hay suficiente, y no existe evidencia de que la suplementación oral por encima de las necesidades mejore la piel o el tejido conectivo en personas bien nutridas. Donde sí hay evidencia razonable es en la aplicación tópica: los séruns de vitamina C a concentración adecuada y pH ácido tienen efectos demostrables sobre pigmentación y fotoenvejecimiento.
¿Conviene tomar vitamina C después de entrenar?
Probablemente no a dosis altas. El estrés oxidativo que genera el ejercicio no es solo daño: forma parte de la señal que desencadena las adaptaciones, incluida la biogénesis mitocondrial. Existe literatura razonable sugiriendo que dosis altas de antioxidantes alrededor del entrenamiento pueden atenuar parte de esas ganancias, aunque la evidencia es heterogénea y no todos los estudios coinciden. La lectura prudente es que cubrir las necesidades con la dieta no plantea ningún problema, mientras que meterse un gramo justo después de la sesión, de forma sistemática, no tiene una justificación clara y sí un riesgo teórico.
Si vas a gastarte el dinero
No me patrocina nadie, y por eso puedo decirte lo poco rentable: en vitamina C, lo barato es lo que funciona. Ácido ascórbico o ascorbato, en dosis repartidas, con comida. La liposomada absorbe algo más y cuesta entre cuatro y ocho veces más sin ningún beneficio clínico demostrado. Si aun así quieres probarla, que sea con las expectativas ajustadas. Y si tu ingesta de fruta y verdura es floja, ahí está el dinero mejor invertido.
Como afiliado de Amazon y de BeLevels, obtengo ingresos por las compras que cumplen los requisitos aplicables. No cambia el precio que pagas.
Lecturas relacionadas
- Zinc: para qué sirve, dosis diaria y cuándo suplementar →
- Vitamina D baja: valores normales y cuánta tomar →
- Colágeno: para qué sirve realmente y qué dice la evidencia →
- Ferritina alta o baja: qué significa de verdad →
- Multivitamínicos y envejecimiento epigenético: qué mostró COSMOS →
- Suplementos de hierro: cuándo hacen falta y cuál elegir →
Newsletter gratuita · Viernes 9:00
¿Te ha aportado este artículo?
Cada viernes mando 1 experimento de la semana, 2 estudios que merecen tu tiempo y 1 viral desarmado. 5 minutos. Evidencia, no hype.
Suscríbete gratis →Redacción Project 170 · Revisado por
Álvaro Gómez Molina
Fisioterapeuta Colegiado nº 10.249 (ICOFM). Máster en Fisioterapia Invasiva. Especialista en fisioterapia musculoesquelética. Fundador de Project 170.
Quiénes somos y cómo trabajamos →Divulgación basada en evidencia. No sustituye consejo médico personalizado. Consulta con un profesional antes de suplementar con dosis altas de vitamina C si tienes antecedentes de cálculos renales de oxalato cálcico, sobrecarga de hierro o hemocromatosis, insuficiencia renal, déficit de G6PD, o si vas a someterte a pruebas analíticas.
¿Este artículo te ha aportado algo?
Esto es una muestra de lo que recibes cada viernes en 170 Weekly: los estudios que merecen tu tiempo, el análisis que les falta a los titulares, y una idea que puedes aplicar esta semana. Gratis.
Sin spam. Cancela cuando quieras.
